Entre mis manos escondo los lamentos de mi sexo
entre los dedos recorro el cabello asfixiado
cuando una niña pronuncia mal la erre
y el viento rumorea el pútrido olor a metrópoli olvidada.
A orillas de un mar cancerígeno respiro
entre el caos arrastrado por decenas de acentos
cuando esas trenzas despeinadas se deshacen
y una hebra se vuelve yuyo en platos de ceviche descuidado.
Cómo me escondo para que no queme
la piel de arcilla que cargamos
cuando tenemos que trepar corriendo
porque no hay silbido ingrato que guarde compasión.
Corto mis uñas para los alimentos
grito internamente mis miedos
y las madres descosidas de cansancio
inventan con desesperación excusas chiquitas
para callar los llantos de su patria.
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